Viendo estas fotos, me atrevo a decir que no pondríais la mano en el fuego a que estos dos se conocieron en plena pandemia en una fiesta clandestina dentro de un skatepark, para colmo en una iglesia desacralizada y llena de graffitis, estoy seguro de ello, pero así fue. Tiempo más tarde la vitola de un puro sería el anillo improvisado para la pedida de mano en mitad del viaje de sus vidas.
Un 7 de Octubre de 2025 me llega a la bandeja de correo electrónico el mensaje que cruzaría nuestros caminos, y de ahí, al 13 de Junio de 2026 en La Casona de Amandi, Villaviciosa. Esta es la boda de Silvia y Pablo.
La Casona nos abrió sus puertas en los preparativos de la pareja, al llegar quise saludar a Silvia en el corredor, una de las zonas más bonitas del edificio principal. Nerviosa e insegura de las fotografías, hicimos unas pocas muy naturales con la Fuji, momentos antes de empezar a maquillar, había que entrar en situación. En el ala contraria Pablo se vestía de Maen Concept en impoluta lana fina con patrón twill o espiga, nuestro traje favorito de la temporada a medio camino entre lo clásico y un giro moderno.
Silvia no se había quedado atrás, su vestido era obra de Cherubina, famosa diseñadora sevillana. Acompañaba un precioso chaleco tipo cárdigan delicadamente bordado, y la pamela, la pieza favorita. Amigos y familia serían los encargados de los últimos detalles, y de ahí a la iglesia de San Juan de Amandi, a apenas 5 minutos en coche. Ceremonia religiosa breve, elegante y solemne. Algo crucial para la pareja era que durante la homilía mi intervención fuese mínima o lo más discreta posible, así que me limité a ser un observador externo más. Algunos amigos se encargaron de las lecturas y finalmente, el intercambio de anillos. La salida de la iglesia sería toda una explosión de arroz y pétalos.
Aprovechamos los alrededores para una pequeña parte de la sesión de pareja, luz dura bien trabajada, y con el Land Rover rojo, de vuelta a La Casona de Amandi, donde acabé de inmortalizar a Silvia y Pablo recorriendo los jardines y el edificio principal en una sesión sencilla a la par que editorial.
La Casona de Amandi tiene ese "je ne sais quoi" que eleva una boda de lo simplemente bonito a lo absolutamente impecable. Lejos de escenarios artificiales o pretenciosos, la sofisticación de este espacio reside en la naturalidad de sus jardines y en una arquitectura rural limpia, sin resultar por ello distante ni fría. Si esta finca capta la atención desde el minuto uno, su propuesta gastronómica es la que dicta sentencia: una cocina rotunda, cuidada al milímetro, que ensalza el producto local excepcional sin perder un ápice de elegancia ni caer en excentricidades innecesarias, y es que la firma es el Catering Manzano, con Esther y Nacho Manzano al frente de los fogones y la gestión.
Con todo dispuesto la pareja abrió el cóctel entre vieiras y bailes amenizados por el grupo cubano. El sol irradiaba que daba gusto pero las múltiples sombrillas y árboles nos aglutinaban a la sombra. Con el paso de los minutos las cervezas y los vinos comenzaban a hidratar a los invitados. El banquete fue sin duda todo un estallido de emoción con Silvia y Pablo entrando por todo lo alto, 10/10 puedo confirmar. Tras ello, riguroso corte de tarta y brindis. Baile a ritmo de rumba directa desde Sevilla, la fiesta en su corrala particular, una boda elegante y divertida para el recuerdo.