El Palacio Conde Toreno en Pravia, Asturias, era uno de los pocos sitios que nos quedaban en la lista de tareas pendientes, la sorpresa fue mayúscula para bien. Tuvimos la oportunidad de conocer esta preciosa localización junto a María y Borja en uno de sus días más importantes, el día de su boda.
A nuestra llegada y tras preparar todo nos recibe el robledal del aparcamiento, según giramos la vista, la iglesia del propio Palacio nos saluda y da paso a la finca. Ya dentro nos encontramos con un nervioso Borja y preparamos los bodegones de sus zapatos y traje, éste, firmado por Stefano Rossi. Cruzamos el patio interior hasta la habitación de María donde Laura le da los últimos retoques al maquillaje, brillaba por sí misma.
Tras algunos retratos con las familias y amigos la tension se empezaba a palpar en el ambiente, y es que los invitados ya estaban llegando, y no eran pocos, alrededor de 250 venidos desde todas partes de España, Italia o incluso Suiza, una boda muy internacional.
Fuera del Palacio la banda de gaitas Xacara amenizaba la espera, serian los encargados de marcar la entrada de la pareja a la iglesia junto a los respectivos madrina y padrino. Ceremonia solemne pero con un párroco cercano y agradable. Una de las cosas que a menudo nos causan fricción en las bodas religiosas es cuando estas se sienten más frías que un juzgado de guardia y acaban sin que el cura de paso al beso de la pareja, este no sería el caso.
Acabada la ceremonia aprovechamos el bosque de la propia finca del Palacio Conde Toreno para la sesión, la pareja no quería restar mucho tiempo del cóctel ni de estar presentes junto a invitados y familia, así que simplemente todos nos dejamos llevar entre risas, besos y abrazos junto a algún que otro posado elegante aprovechando el bonito portón lateral de la iglesia, el marco perfecto.
Ajustes al vestido, el cóctel empezaba bajo un fuerte sol donde todos aprovechaban a buscar la sombra bajo sombrillas o los tupidos árboles del patio, Amadeus, el cuarteto de cuerda elegido por María y Borja, amenizó entre bandeja y bandeja de la las diferentes tapas directas de la cocina (y exquisitas) todo el convite. Tras unas incontables cervezas y vinos todos habían roto el hielo para la mejor parte del día, la fiesta. Fiesta... fiestón quiero decir, a manos de Siapro, no había otra opción.
Y el resto, es historia.