Carmen y Edoardo, o Edo para los amigos y fotógrafos tan amigables como yo, se han perseguido por medio mundo entre estudios y sus demandantes carreras profesionales hasta por fin poner nombre, fecha y lugar, a su amor. Hoy os cuento todo sobre una boda alegre y elegante a la par que relajada en una de nuestras fincas favoritas, el Castiello de Selorio, en Villaviciosa, Asturias.
Construido en el siglo XVII, el Castiello de Selorio es una casona asturiana llena de encanto que hoy se ha convertido en el escenario ideal para bodas elegantes con el color verde como referencia. De estilo rústico y muy cuidado organizan bodas al aire libre de mediano y gran formato. ¿El plato fuerte? Los fogones están en manos del equipazo de Deloya Gastronomía, un sello de calidad en toda la región.
Comencé el día en este impresionante espacio con los preparativos de la pareja en sus respectivas habitaciones, acompañados de familia y amigos. Todos los elementos y objetos que formaban parte del día habían sido seleccionados por Carmen y Edo, elegidos de forma muy detenida y personal, por ejemplo, el vestido de Carmen era de Pronovias, pero no de cualquier colección, sino de la boda de su madre en 1993, habiendo pasado por otra modista para darle un toque actual y diferente, los zapatos, pieza clave, como no podía ser de otra forma eran unos Jimmy Choo nacarados. El ramo lo firmaba Flor de Pasión, de Villaviciosa.
Los invitados, procedentes en gran medida tanto de Italia como de España a partes iguales aguardaban en los jardines frente al Castiello. La ceremonia, también a caballo entre el italiano y el español fue amena, divertida, sin rollos, pero con anécdotas y palabras bonitas por parte de varios intervinientes. Carmen y Edo también tendrían lugar para dedicarse un momento con el que todos nos emocionamos, firmamos y ¡casados!
Antes os hablé de Deloya, el catering que firma en este espacio, el cóctel sería su momento para empezar a brillar y también el momento de la pareja para conectar con sus invitados entre vinos y diferentes bocados. La luz del atardecer era idónea para robados como fotos de grupo más relajadas, tras ello, el banquete. Entre mesas algunos amigos se atreverían a dedicar discursos emotivos a la pareja, poco antes de que cayese la noche junto al indie-rock de la banda de música elegida para la ocasión, a partir de ahí, unas pocas fotos dan testigo de la fiesta, el resto, es historia.