Lo de Alejandra y Pablo fue distinto, muy perruno, muy feliz y muy espontáneo. Unos meses antes de su boda nos encontramos junto a su manada de border collies en una espectacular sesión de pareja en el Embalse de Valdemurio, aquello nos puso en tono para su gran día. Desde Madrid y junto a su familia habían alquilado una casona rural frente a la costa, cerca de la playa de La Ñora, ahí les dijimos hola de nuevo un 26 de Septiembre.
Pablo se vestía de Promesso Madrid tras pasar el rodillo quitapelos, unos escalones por arriba, Patri Espinosa, amiga de Alejandra acababa de maquillarla. Con un toque bohemio Rosa Clará fue la elección del vestido de novia, acompañado del velo y del colorido ramo firmado por Tropicalia Atelier. En aquella casona se empezaban a respirar los nervios y las prisas, y es que los compañeros perrunos también debían de estar preparados para la ocasión.
En la Hacienda de La Llorea Pablo entraba acompañado de su madre, acto seguido lo harían sus amigos correa en mano de Salem, Aloy y compañía. Alejandra entraba junto a su padre ante la atenta mirada de unos invitados totalmente boquiabiertos, y es que poco se habla del peinado de La Sala Style Room. A la salida de la pareja y ya casados volarían pétalos y arroz. Tras sacudirnos las vestimentas nos acercamos al campo de golf cercano para correr, saltar y abrazarnos durante la sesión de pareja, la luz era dura pero usamos esta como un elemento a nuestro favor. En el cóctel las wedding planners de Llorea Bodas desplegaban pulpo, jamón y música, esta última a cargo de 3Event. Una entrada frenética al banquete daría paso a la cena, que no sin sorpresas como la de los amigos de la pareja con una completa gincana acabaría en un emotivo baile.